10 Sep 2010

Deseos de una Curioca

Quiero tener una casa en la que en la mesa de la cocina, en lugar de sillas, haya sillones de terciopelo rojo.
Quiero que tenga muchas plantas. Pero que no se me mueran. Lograr mantenerlas vivitas, felices, coleando. Si esto fallara, optar por las artificiales sería la opción, pero realmente sería muy triste.
Quiero que tenga vistas a algún lugar despejado. Al cielo, por ejemplo. No me importa que sea una ventanita modesta, da igual. Pondría un silloncito al lado con una mesa para apoyar los aditamentos acompañantes a las largas estancias que mi ser pasaría allí (Actividades varias).
Quiero que tenga los techos muy altos y sábanas y telas colgando por todas las paredes y por el techo.
Que haya muchas cobijas floreadas. Da igual en donde, no importa. También que haya foquitos blancos, rojos, de colores, de flores, de penes.
Va a haber una pared muy grande y blanca dedicada únicamente a plasmar ahí lo que aquel día me venga mejor en gana. Desde chicles, tazos y cuadros, hasta recortes, fotos y a mi marido cuando me canse de él.
Quiero que haya también muchas lámparas, muchísimas. De distintos tamaños, colores, formas, arriba de una silla, del armario, en el baño, en la cocina.
(¿Han notado cuántas enumeraciones en tan pocas frases?)
Adoro las cocinas con lámparas de salón. Ahí, al lado del fregadero, con su luz amarilla lista para electrocutarte a cada lavada de platos.
En el pasillo habrá un armario lleno de objetos de promoción: bolis de la carnicería La Vaquita, camisetas de CEMEX, folletos y flyers de kebabs y discotecas... Estos objetos siempre resultan muy útiles. Cuando uno no quiere darle mucha importancia a algún escrito, a algún momento o a alguna situación y, por el contrario, quieres sentirte fuera de todo tipo de presión, usas cualquiera de estos maravillosos objetos gratuitos y te sientes libre en tus movimientos, en tus trazos, en tus decisiones. Con La Vaquita todo sale mejor, créanme.
Quiero también que la casa huela a canela y a cardamomo, si no es mucha molestia. Que haya muchas almohadas y que si te las llevas a la nariz quisieras quedarte pegado a ellas y no sabes muy bien por qué.
Habrá sin duda un lugar reservado para el alcohol. Un mini (o no tan mini) bar con una selección de diversos brebajes impulsores del alma, y justo arriba una ventanita para quedarte ahí mirando al cielo o lo que tengas arriba.
Quiero que tenga un pequeño balcón o, si no es mucho pedir, una terracita. Si se da el caso de la terraza tendrá una hamaca blanca o beige. Con una almohada dedicada solo a la hamaca. Sería de color salmón, por ejemplo.


Mira, para que no te vayan quedando dudas y vayas ideando el asunto correctamente para mi próximo aniversario de cumpleaños, aclaro que quiero una casa en la que te de exactamente lo mismo tumbarte, bailar o ponerte a berrear guturalmente. Oye, que no te sientas cohibido. Que puedas estar en bolas cantando a Little Richard y a su Tutti Frutti (escúchala ahora mismo) y no te sientas desnudo, no: que te sientas una STAR. Sí, sí, una ULTRA STAR. Cómo la ves?.
Que si una mancha llegara a incordiar por el camino, la uniéramos también a la familia. Que se sienta bien en su irremediable nuevo hogar. Integrada, acogida, feliz.
Como en casa, chiqui, siempre como en casa...


Foto piloto del jardín

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